Hay reuniones que lo cambian todo. El potencial de crecer, de cerrar ese trato, de escalar tu empresa. Todo puede definirse en una hora, en una conversación, en un “Sí” dicho con convicción y compromiso.
Y a veces, todo esto puede derrumbarlo tu sala de reuniones.
Imagina que estás por recibir a un posible socio estratégico. Uno de esos que no aparecen dos veces. Preparaste la presentación, revisaste los números, ensayaste tu discurso. Todo está listo.
Y cuando llega, lo saludas con entusiasmo y lo adentras al lugar donde todo pasará: la sala de reuniones. Y es justo ahí donde empieza a gestarse el desastre silencioso que lo arruinará todo.
Todo comienza con la luz. Es demasiado blanca, demasiado fría, dura, y está puesta en un ángulo que proyecta sombras en los rostros, palidece las pieles y dibujaría ojeras en el más lozano y joven de los rostros.
Por eso todos parecen haber salido de un hospital tras una grave enfermedad. No parece ser un ambiente donde algo bueno está por pasar.
Lo que esa sala debió ser
No necesitabas remodelar ese espacio, solo convertirlo en un entorno pensado para conversaciones importantes; en una sala con diseño acústico y lumínico para oficina. Debiste incorporar: